lunes 29 de marzo de 2010

¿Que si le colaboro? Naranjas…

Es innegable e incuestionable nuestra vocación de país de la caridad, reino de la limosna, imperio de la mendicidad.

Mi nutricionista recomienda las frutas por su alto valor en fibra y nutrientes . Tengo algo de hambre y quiero comprar naranjas. En Carulla venden últimamente unas ricas y muy anaranjadas, sin semilla. Voy hacia el norte, tomo la paralela a la autopista norte y en al menos cuatro semáforos me piden “Colabración”. Odio la palabra “colaboración”, cada que alguien la dice inmediatamente pedirá limosna a la buena o a la mala. Los primeros, en la esquina de la 63 piden por desplazados , Adán y Eva fueron desplazados y no tuvieron que pedir limosna, tuvieron que trabajar duro para poder comer.No les creo, no les doy.

Otros piden por alguna discapacidad física, como el cojo de pierna quemada y deforme que me insiste haciéndo cara de mártir jesuita en japón . Garrincha, el mejor puntero en la historia del fútbol tenía una pierna más corta que la otra y nunca pidió en las calles. No le doy nada.

El tercer mendigo suplica colaboración para comerse una sopa. Está gordo, no le creo, tampoco le doy.

La cuarta es una tierna y pequeña criatura de cachetes rosados y ojos de miel que me dice ” una colaboración, mi dios le pague”. Como tampoco a esta ternurita de pequeñuela le doy nada me escupe el vidrio del carro y me dice “gracias gordo marica, entonces présteme el carro pa´ salir a chicaniar”.

Entro al Carulla de la calle 85 y previamente esquivo a una viejecita que a la salida del parqueadero, estratégicamente situada como un oso pescando salmones, me pide colaboracíon comprándole alguna de sus chucherías. No le compro, ella dice entre dientes “tendrá mucha plata…”. Le alcanzo a escuchar y le respondo: - No tanta como vós vieja jodida.

Las naranjas están tan bonitas como las imaginé. Naranjas Sexies, chuscas, de buen comer y buen jugo. Valen lo que piden por ellas, que es tres o cuatro veces más de lo que cuesta una naranja común o “naranja arrayana”. Pero estas no traen semilla, no pican la lengua ni vienen puercas entre un costal.

Pago en la registradora. No soy rico pero para que trabaja uno si no es para tratarse bien con algunas pequeñeces como mis naranjas finas. No bebo licor, no tengo amante modelo de revista Soho, ya no fumo y no uso ropa marca Hugo Boss ni Lacoste, mi pobre carrito es un usado-rayado que tiene un espejo pegado con supercryl y la alarma está inservible, estoy terminando de pagar un préstamo al Icetex y vivo en un apartamento de clase media,viejo pero digno aunque es arrendado. Trabajo en promedio 11 horas al día, tengo dos empleos por necesidad antes que por gusto y me cobran impuestos en una ciudad gobernada por socialistas.

Las naranjas me cuestan 13270 pesos. La cajera pregunta si quiero donar el cambio al “Minuto de Dios”. Recuerdo al escritor Fernando Vallejo… ¿porqué tengo que construirle casa a los pobres para que sigan teniendo hijos y para que con mis impustos les den leche y mogolla a los hijos de sus hijos adolescentes? . Digo que no, que me de mis vueltas que sirven para echar a la alcancía con la que cada vez que se llena compro la leche del mes. La cajera me mira como quien acaba de cagar mierda con puntillas. De muy mala gana me da las vueltas, 230 pesos en monedas. Una señora que hace fila me mira aun peor.

La empacadora abre los ojos al ver las monedas, como quien se prepara para cagar mierda con puntillas. Se porta sonrientemente servicial y hasta coqueta. Se ofrece a colaborarme llevando el paquete hasta el carro. Tampoco le colaboro, es solo un paquete de naranjas, no pesa más de 5 libras y soy hombre robusto y bien nutrido. Como no le doy los 230 pesos de vueltas tira la bolsa de mala manera y me da la espalda para sonreírle a su próxima víctima.

A la salida del Carulla una mujer que lleva un niño en su regazo me pide colaboración. De buena fuente se que si les doy leche, pan o papas fritas las botarán a la basura o las cambiarán en una tienda por unas pocas monedas, así que tampoco le colaboro. Si no tenía plata, entonces para que demonios se puso a tener hijos, mujer irracional … o inteligente que los usa como medio para generar lástima y no trabajar.

Van siete intentos de colaboración. Me he tardado menos de media hora en hacer la transacción comercial que me lleva desde el trabajo hasta el Carulla para poder comerme una naranja bonita y jugosa. La naranja resulta costándome unos 1070 pesos en promedio. Si le hubiera dado a cada limosnero una moneda de 100 pesos, en media hora habría regalado 700 (los limosneros incluyen a Carulla, la empacadora sin sueldo de Carulla y la pobre viejecita a la entrada del Carulla). Como trabajo en promedio 11 horas al día, y contando con setecientos pesos por cada media hora en limosnas, destinaría 15400 pesos diarios a la caridad. Al mes trabajo cerca de 22 días, esto sería 330800 pesos de colaboración, un total del 3969600 al año.

Con toda esa plata podría comprar más o menos 3710 naranjas de las bonitas que venden Carulla. Por simple amor propio, por mi salud y buena nutrición y porque yo si debo trabajar duro para comer, no doy limosna ni colaboraciones. Con toda seguridad, si a cambio de una moneda le regalara una naranja a cada pordiosero, con aun más seguridad me la tirarían en la cara y me arrearían la madre como un arriero le arrea la madre a una mula terca.

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